¿EMERGENCIA O CONVENIENCIA?
No creo necesario introducir el tema sobre el que voy a opinar. Como muchos otros, yo también me he horrorizado ante los perversos y sádicos crímenes perpetrados en París el pasado viernes. Los individuos que los han cometido, estén o no alienados y desequilibrados, siguen siendo unos asesinos que merecen tener el mismo destino destino que sus inocentes víctimas, si no peor.
Sin embargo, tan importante es destacar lo abominable que me parece este atentado como la actuación de la entente Estados-medios de comunicación. Permanentemente nos están bombardeando con discursos grandilocuentes, declaraciones solemnes de guerra, incitaciones encubiertas al odio racial y noticias inquietantes. Mientras los políticos aparentan transmitirnos tranquilidad para que la situación no se les descontrole, la gran mayoría de los medios de comunicación nos proporcionan datos sesgados con un único objetivo: atemorizar a la población.
Siempre he detestado ser conspiranoico, y hasta hace poco incluso me mofaba de los que veían designios ocultos de dominar el mundo por todas partes. Pero lo cierto es que la investigación y el análisis crítico me han demostrado que no se puede, no se debe, creer ciegamente todo lo que nos cuentan. Y lo cierto es que este atentado les ha venido que ni pintado a los dirigentes políticos franceses para tener rigurosamente controlada a la población. Con ello no estoy sugiriendo que el atentado haya sido provocado adrede por la casta política francesa, ni mucho menos. Es obvio que, sin entrar en polémicas sobre la complicidad oculta entre Occidente y el ISIS durante estos últimos años, estas atrocidades sólo pueden haber sido cometidas por unos asesinos despiadados manipulados y esclavizados por una banda terrorista. Pero también afirmo que conceder al Estado potestad para recortar casi todas las libertades civiles (control de TODOS los medios de comunicación, restricción de derecho de manifestación y circulación, prebendas para actuar sin consentimiento judicial...) con el pretexto de mantener el orden público me parece una brutalidad manifiesta. Aquí se pueden consultar algunas de estas potestades que se atribuyen al Estado francés: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/internacional/2015/11/14/consiste-estado-emergencia-francia/00031447519920360348273.htm
Y aquí introduzco un aspecto fundamental: el Estado se ha garantizado el monopolio de la violencia y la defensa mediante sus fuerzas y cuerpos de seguridad. En general no dudo que sus miembros sean personas íntegras, honestas y preocupadas por nuestra seguridad, pero ellos no son los que mandan. Y hoy en día el trabajo escasea. La medida de intensificar notablemente la presencia militar y policial es consecuencia de que, entre otras cosas, la población francesa es incapaz de defenderse por sí misma. Y sí. Me refiero a la tenencia de armas.
Pese a que existe un riesgo claro de que personas sin antecedentes penales ni problemas psicológicos severos (los cuales no deberían estar habilitados para poseer armas) se vuelvan locas y cometan una atrocidad, es una probabilidad casi remota e interesada. Me considero una persona antibelicista y pacífica, que cree que el Ejército sólo debe actuar en respuesta a una agresión previa; pero es necesario que las personas podamos defender de manera efectiva e inmediata nuestra integridad y a nuestras familias. Aunque detesto estar de acuerdo con el xenófobo Donald Trump, comparto su tesis sobre la tenencia de armas: los franceses se exponen a ser masacrados si los terroristas atacan sin premeditación, o si el Estado francés comete un error (ambas cosas muy usuales, por cierto). Considero que, dotando a los franceses de la posibilidad de adquirir armas, no harían falta gran parte de las medidas adoptadas. Es casi tan probable que a un policía o a un soldado se le vaya la pinza y cometa un asesinato, como que le ocurra a cualquier persona con el historial médico y penal impoluto.
Por tanto, hago aquí un alegato en favor de la libertad de comprar y portas armas de fuego, aunque sé que es un asunto complejo y lleno de matices. No podemos permitir que el Estado haga lo que quiera, y que dependamos de unos gobernantes que nos esconden información, nos engañan, se corrompen y celebran acuerdos a nuestras espaldas contándonos solo lo que les interesa. Cuanto menos dependamos de otros, más libres seremos y más seguros estaremos. Si seguimos permitiendo que se decreten estados como éstos, que me temo que a partir de ahora serán más que frecuentes, poco a poco perderemos derechos y libertades hasta vivir sometidos a una semidictadura. Todo ello, eso sí, por nuestro bien.
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