domingo, 26 de junio de 2016



LA REBELIÓN DE ATLAS, DESCUBRIMIENTO Y CRÍTICAS AL OBJETIVISMO






Lo reconozco; pese a que simpatizo con el liberalismo, nunca había leído ninguna obra de Ayn Rand 

ni me había interesado por el objetivismo. Los motivos son diversos: la educación pública rechaza

sus ideas por su incorrección política, su repercusión en Europa fue escasa, desinterés por la

filosofía...etc. Baste decir que traté de empezar a leer El Manantial, pero pese a su innegable calidad

literaria y los interesantes postulados morales que propugna, el libro me parecía denso, y su

protagonista algo apático y falto de carisma. Abandoné tan soporífera lectura y descubrí que el

argumento de La Rebelión de Atlas, con más contenido económico, se ajustaba más a mis intereses 

literarios en esos momentos. 

Para empezar, debo decir que nunca me han asustado los libros extensos; tal vez sí los ensayos, pero

nunca las novelas. De hecho habitualmente les exijo a las narraciones una longitud mínima, que

decido en función de mis intereses del instante particular. Y por tanto, he podido disfrutar sin apenas

problemas de una de las mejores novelas libertarias de la historia. La mejor que he leído hasta el 

momento.

En primer lugar, y desde una perspectiva literaria, el libro es de una calidad aceptable. Lo considero 

precursor de muchas novelas del género "steampunk", o de la ciencia ficción distópica, aunque con 

una excesiva carga ideológica. La narrativa es poco fluida en muchas ocasiones, con discursos 

reiterativos y demasiado sentimentalismo en el tema de las relaciones amorosas, pero sabe mantener 

en general el interés del lector e hilvana una trama coherente, no demasiado previsible aunque sí con 

pocos giros inesperados (exceptuando algunas partes, como cuando cierto personaje llega a cierto 

sitio en un momento inadecuado). Los monólogos internos a veces se hacen interminables, aunque 

ayudan a dotar a los personajes de cierto trasfondo y humanidad. En definitiva, si el lector busca una 

novela de ciencia ficción llena de acción o con una trama apasionante y sin respiro, es una mala 

elección optar por esta novela. La trama es lenta y se halla impregnada de filosofía moral y 

económica.

Sin embargo, para aquellos que buscamos profundizar y dotar de contenido y soporte filosófico y 

empírico al capitalismo y a nuestras convicciones liberales, el libro es excelente, aunque con 

matices. 

Primero enuncio las virtudes: coincido en casi todas las reflexiones de la autora, cuya filosofía queda 

consignada a través de los distintos protagonistas anticolectivistas. Este libro me ayudó a descubrir, 

por ejemplo, que sacrificarse por obligación es inmoral y un acto de autodestrucción personal; que la 

mejor forma de canalizar y desarrollar el pensamiento científico y la investigación tecnológica es a 

través de la empresa, y no extrayendo sus rentas forzosamente a la ciudadanía; que ningún ser 

humano tiene derecho a exigirle a otro que se sacrifique por él, ni que se haga responsable de errores 

que no ha cometido; que la política es una profesión reprobable y amoral, por que se basa en sustraer 

a los demás sus recursos para servirse de ellos como forma de subsistencia; que la razón es 

fundamental para el progreso material de la humanidad, y que sacrificar nuestros principios morales 

en beneficio del pragmatismo sólo conduce a que cometamos cualquier tropelía en perjuicio de los 

demás, convirtiéndonos en seres malvados, o potencialmente maliciosos; que el interés general es un 

eufemismo de beneficio particular de ciertas oligarquías; y que el corporativismo y la economía 

social de mercado conduce irremisiblemente a tener que decidir entre socialismo o capitalismo. 

Todas ellas, junto con otras que seguramente haya olvidado, experiencias, certezas y normas morales que 

llevaré conmigo toda la vida. Esta novela nos enseña a pensar por nosotros mismos, a tener capacidad 

de trabajo y deseos de aprender y explotar nuestra capacidad racional. Nos muestra lo peligrosas que 

son las religiones y el socialismo para la sociedad y para los individuos, y nos impulsa a apreciar la 

buena filosofía; Hugh Akston es un personaje fantástico, al igual que Hank Rearden, con el que me 

sentí muy identificado en muchos aspectos. Nos advierte sobre los peligros del autosacrificio, y de 

huir del lucro y del bienestar individual por ser políticamente correcto. Y nos demuestra que nadie, ni 
siquiera nuestra propia familia, tiene derecho a arrebatarnos nuestros sueños o a obligarnos a ser 

inmorales.

Ahora, como bien he podido aprender de Francisco Capella, otro hombre al que admiro como a Ayn 

Rand, vamos a la parte de las críticas. A su vez serán cuestionamientos que planteo para refutar al 

objetivismo, ya que la crítica estrictamente literaria ya la he realizado antes:
  • Ayn Rand abusa demasiado de la consideración de las verdades objetivas. Es cierto que el relativismo moral es muy pernicioso, y que en el ámbito de la ciencia, A es A, parafraseando a John Galt; pero no olvidemos que la confrontación pacífica de ideas contrapuestas enriquece el conocimiento humano e individual. No afirmo que en muchos casos la realidad sea inequívoca (sobre todo en las leyes naturales), pero hay que tener en cuenta que nuestra tesis o criterios de existencia no podemos profesarlos como un credo o una verdad absoluta; tenemos que escuchar y aceptar críticas ajenas, para mejorar nuestra forma de vivir y nuestrs convicciones éticas y morales.
  • Pese a que coincido con Ayn Rand en su análisis sobre lo perverso de disfrazar la violencia de justicia social, considero que el objetivismo minusvalora o al menos le hace el vacío en muchas ocasiones a la necesaria cooperación entre individuos libres e iguales, Por supuesto que toda coacción y ejercicio de la violencia es ilegítima y moralmente reprobable, pero el excesivo individualismo conduce al aislamiento y a la muerte de nuestras convicciones; si no entramos en debates públicos, si no intentamos persuadir al adversario de nuestra superioridad moral y científica, nuestra doctrina sucumbirá cuando nuestro complejo organismo interrumpa su actividad metabólica. Y además, a veces lo más eficiente y productivo para uno mismo, y lo mejor, es asociarse con otros para alcanzar la felicidad,
  • La envidia y el odio son, en efecto, el alimento de los totalitarismos colectivistas. Pero no por ello debemos despreciar sus ideas en conjunto, porque pese a que la mayoría de ellas estén erradas en todo, algunas nos pueden invitar a reflexionar y a modificar, a pulir, nuestras creencias y convicciones.
  • No comprendo la obsesión de Ayn Rand por el tabaco. Comprendo el contexto de la época en la que el libro fue concebido, pero tan mala es la autodestrucción moral por medio del autosacrificio (en efecto, sacrificarse por un bien mayor forma parte del egoísta virtuoso, aunque realmente no sería genuinamente un acto de sacrificio) como la autodestrucción física por medio del consumo de sustancias tóxicas para el organismo. Por supuesto cada uno puede hacer con su cuerpo lo que le plazca, pero en el terreno de la moral individual, creo que el mejor ser humano es el que intenta maximizar su vida sin reducir la de los demás.
  • La arbitrariedad intrínseca a toda ideología minarquista. ¿Por qué el Estado debe administrar la Justicia? Tal vez sí los delitos penales, pero en general podría perfectamente canalizarse a través de mecanismos alternativos privados como el arbitraje y la mediación. El Derecho debería fundamentarse en interpretar literalmente los contratos entre particulares, y en perseguir los atentados contra la vida, la libertad y la propiedad; toda la paranerfalia cínica de la InJusticia actual sobra, salvo que la paguen los que quieren que exista. Pero Ayn Rand no tiene en cuenta que, por ejemplo,puede ser necesario que el Estado garantice a la sociedad que nadie tiene derecho a engañar a nadie; debe proteger a toda la sociedad de los embusteros. Aún así yo no soy anarcocapitalista tampoco, y creo que en materia de seguridad, defensa exterior (Ejército) y justicia penal podría discutirse la necesidad de la presencia del Estado.
  • Por último, está el asunto de la defensa de Ayn Rand del aborto. Aquí reconozco que voy un poco a contracorriente, porque dado mi interés por la biología, tengo que discrepar con la tesis que sostenía esta brillante mujer. Considero que la biología ha demostrado sobradamente que en cuanto se produce la fecundación, es decir, en cuanto hay unión del óvulo y del espermatozoide, se crea un ovocito con potencial de convertirse en un ser humano. Si la concepción ha sido voluntaria (o al menos no se han tomado todas las precauciones que, dados los medios actuales, se podían haber tomado para evitarlo), la mujer no es libre para asesinar a ninguna persona, aunque esté en cierta forma "parasitando" a la madre. Si el acto sexual ha sido consciente y voluntario, se ha creado una vida; y todo acto que implique eliminarla por su inconveniencia o egoísmo malvado (no el egoísmo bueno) sería moralmente reprobable. Una mujer puede hacer lo que quiera con su cuerpo, pero el embrión que se está desarrollando en su organismo ha surgido de un acto voluntario y consciente, de una tácita o explícita aceptación de que le cedes a ese niño tus genes para que pueda subsistir a tu costa durante nueve meses. Creo, aunque deteste las prohibiciones, que si el aborto se realiza tras un acto sexual consciente o imprudente, para mí sería constitutivo de delito. Más complejos son los casos de malformaciones en el feto o peligrosidad para la vida de la madre; creo que en esos casos, si la malformación priva al nonato de su capacidad de decisión racional sobre su vida; es la madre la que en última instancia debe decidir ( sería moralmente conveniente que previa consulta con el padre, aunque la decisión última ha de corresponderle a la madre, que es la que aporta su cuerpo y sus nutrientes al feto). También podrían excluirse los casos, muy puntuales, en los cuales la mujer desconoce e ignora los métodos anticonceptivos, o no puede acceder a ellos, aunque ésto es todavía más dudoso. Por supuesto es mi punto de vista, respaldado en algunas evidencias científicas, pero que puede estar perfectamente errado.
En conclusión, creo que todos deberíamos leer esta novela. Aunque no me identifique del todo con

ella, te permite descubrir una nueva forma de vivir mejor y más feliz, y contribuye a sustentar y

refrendar las convicciones morales de todo liberal. Constituye un arma muy valiosa contra la

dictadura del socialismo y contra la corrupción moral de la sociedad actual.





martes, 29 de marzo de 2016


EL PROBLEMA ESTÁ EN LA EDUCACIÓN


El título lo dice todo. Y con educación no me refiero a ceder el asiento a una persona mayor en el autobús o a dejar salir a los pasajeros del metro antes de entrar (aspectos también importantes, pero menos que el que voy a comentar). 
Dado que no soy pedagogo ni sociólogo, no voy a aburrir con multitud de datos y estudios relevantes. Me limitaré a aportar mi perspectiva subjetiva, para que todo aquel que discrepe pueda enriquecer el debate con sus propios argumentos mediante comentarios, si así lo desea.
Siempre que ocurre una tragedia (desahucio, atentado, crisis económica), o simplemente escucho deficiencias presentes en nuestra sociedad o más concretamente en el sistema educativo, me exaspero y me cabreo de una manera superlativa. En parte es causa de mi personalidad (me afecta mucho ver sufrir a otras personas, aunque no las conozca ni vivan en mi país), pero también he extraído una conclusión contundente; la educación española, pese a haber solucionado graves problemas como el analfabetismo o la incultura científica, adolece de una serie de patologías (como si de un enfermo se tratase) que ocasionan un variado conjunto de visibles síntomas: desempleo, impotencia por falta de conocimientos técnicos o científicos, baja productividad, escasa y volátil renta familiar y personal, pervivencia de prejuicios raciales y de género impropios de sociedades ilustradas y avanzadas, creencia en que los políticos de uno y otro bando que llevan décadas saqueándonos nos van a salvar de la crisis...etc. Las patologías principales que yo observo (hay muchas más, por supuesto) son las siguientes:
  • Falta de motivación de todos los agentes que participan de ella, Profesores, estudiantes, psicólogos, padres... La desgana y la falta de incentivos que padecen los profesores les impide muchas veces ser creativos y preocuparse de la adecuada asimilación de conocimiento por parte de cada alumno, y disfrutar de algo que debería ser vocacional; los estudiantes perciben mayoritariamente la educación como un mal necesario, una condena inevitable que les roba gran parte de su tiempo de ocio (y a los que les gusta estudiar alguna materia se les estigmatiza como empollones, raritos o cosas peores); los psicólogos son incapaces muchas veces de entender los problemas que sufren los alumnos al no estar originados únicamente por aspectos internos del estudiante, o de conciliar los intereses de familia, colegio y paciente (cuando no tienen más problemas que sus propios pacientes, que también los hay). Y por último los padres, como resultado de un bucle que procede de las antípodas de la historia (sistema educativo en muchos casos poco modernizado, heredero de la educación militar prusiana), han sido educados en unos valores y de una manera que les dificulta entender y ayudar a sus hijos.
  • Modelo educativo público insostenible y adoctrinador. El propio concepto de la educación de prestación pública constituye per sé un freno al progreso y a la mejora de la sociedad. Su necesidad suele justificarse por la exigencia de universalidad, para favorecer que todas las personas puedan acceder en condiciones de igualdad a una formación académica estandarizada sin discriminaciones por razones económicas o sociales. Sin embargo lo único que extraigo de esta exigencia totalmente razonable es que es legítima la existencia de una especie de seguro público, sufragado con los impuestos (infinitamente más bajos que hoy en día) que permita a aquellas personas que no puedan costearse una educación por sus propios medios poder disfrutar de ella. Podemos discutir la posibilidad de que sea el sector privado el que canalice estos mecanismos por medio de préstamos y donaciones, incluso de financiación empresarial, pero bien. Por si no alcanzase con éso, puede haber un esfuerzo colectivo (y coactivo) para compensar los puntuales fallos de mercado que se puedan producir. Pero ese manido argumento no legitima ni hace más tolerable que todos los ciudadanos, con independencia de nuestro nivel de renta, debamos sufragar obligatoriamente una educación que en muchos casos no se utiliza apenas, y que resulta ineficiente, está politizada y pretende igualar injustamente a todos los niños.
  • Burocracia y rigideces. Como todo lo que tocan las Administraciones Públicas (son el Rey Midas del papeleo) el funcionamiento y organización de los centros educativos está repleto de protocolos innecesarios, trabajadores desmotivados, papeleo insulso y esfuerzos insuficientes de innovación y agilización. Y ésto no sólo afecta al sector público, sino que contagia al sector privado, en su interrelación con las Administraciones o en su propio desarrollo interno.
  • Riesgo de adoctrinamiento y politización: la técnica del rebaño. Metiéndonos en terrenos más sinuosos y controvertidos, la educación está sometida a la ideologización de quien la controla. En la educación privada tiene fácil solución (no me gusta la educación en valores religiosos, ergo evito matricular a mi hijo en un colegio católico), pero en la pública hay una total e impune exposición a que los contenidos académicos que se imparten estén sesgados y manipulados en favor del partido o ideologías predominantes en ese momento (concretamente, con desviaciones ocasionales hacia la izquierda, el consenso socialdemócrata actual). No cuestiono que haya muchas y meritorias excepciones, y que hay materias más proclives a la censura y a lo tendencioso que otras (el derecho más que la biología, por ejemplo), pero siempre suele aparecer la mano del político en todas las materias, Suele ser sutil y apenas perceptible, pero para cualquier persona medianamente crítica e informada saltan a la vista. La razón, entre otras, procede de que a muchos de nuestros políticos no les interesa fomentar el pensamiento independiente y el autodidactismo; no vaya a ser que nos hagamos demasiado inteligentes y autónomos y decidamos que ya no les necesitamos, o nos dediquemos a cuestionar sus decisiones.
  • Promoción involuntaria y subrepticia de lacras como la exclusión social, las depresiones infantiles y juveniles e, incluso, el acoso escolar. Y ello se consigue igualando forzosamente a todos los niños, pretendiendo orgullosamente que exista un modelo único y perfecto válido para todos los estudiantes. Esto es una falacia y un error imperdonable. Es necesario que existan escuelas y universidades especializadas en alumnos con deficiencias mentales, superdotación y altas capacidades o vocación temprana de desempeño de oficios (formación profesional); o al menos aulas o grupos de trabajo diferenciadas en cada centro que se centren en cada colectivo. Muchos niños con altas capacidades o minusvalías psíquicas sufren el desprecio o la indiferencia de sus compañeros, y ello puede culminar en finales trágicos que vemos, desgraciadamente, casi a diario. Por otro lado, cada alumno es un mundo; la mente humana es tan compleja, y la neurociencia ha avanzado tan poco en su comprensión, que cada alumno y cada padre ha de poder elegir individualmente qué modelo o sistema educativo se ajusta más a sus preferencias, necesidades y condiciones.
  • Corrupción y surgimiento de movimientos de respuesta, usualmente violentos o peligrosos. Los dirigentes educativos no están exentos de privilegios injustos y de comportamientos poco éticos, especialmente en la educación superior, y como reacción social pueden emerger movimientos radicales estudiantiles como Podemos y similares, con muchos adeptos adoctrinados entre sus filas que creen hallar la respuesta a todos sus problemas (sin darse cuenta de que sólo lo empeorarían). Aunque la protesta colectiva siempre es necesaria y respetable, nunca se puede tolerar la coacción o el uso de la violencia contra ningún estudiante o persona inocente.
  • Abandono de ideas como el pensamiento libre, la autocrítica, el emprendimiento, la tolerancia intelectual y social, el individualismo sano, el idealismo y el amor a la ciencia; y estímulo de otras como el colectivismo, la aceptación forzosa de injusticias, el respeto a normas sociales o legales aberrantes o inútiles, el victimismo y la confianza en el Buen Pastor Papá Estado, 
Por éstos y otros muchos motivos que seguramente me haya dejado en el tintero creo que, antes de indignarnos con las injusticias sociales y económicas que vemos y sufrimos a diario, reflexionemos. Pensemos si es posible que la ceguera intelectual de muchas personas ante el secuestro mental al que nos tiene sometidos el colectivismo (socialismo de todos los partidos) imperante se deba a que desde que nacemos nos implantan ese pequeño chip, ese condicionamiento que procede de hace generaciones, llamado educación politizada.