EL PROBLEMA ESTÁ EN LA EDUCACIÓN
El título lo dice todo. Y con educación no me refiero a ceder el asiento a
una persona mayor en el autobús o a dejar salir a los pasajeros del metro antes de entrar (aspectos
también importantes, pero menos que el que voy a comentar).
Dado que no soy pedagogo ni sociólogo, no voy a aburrir con multitud de
datos y estudios relevantes. Me limitaré a aportar mi perspectiva subjetiva,
para que todo aquel que discrepe pueda enriquecer el debate con sus propios
argumentos mediante comentarios, si así lo desea.
Siempre que ocurre una tragedia (desahucio, atentado, crisis económica), o
simplemente escucho deficiencias presentes en nuestra sociedad o más
concretamente en el sistema educativo, me exaspero y me cabreo de una manera
superlativa. En parte es causa de mi personalidad (me afecta mucho ver sufrir a
otras personas, aunque no las conozca ni vivan en mi país), pero también he
extraído una conclusión contundente; la educación española, pese a haber
solucionado graves problemas como el analfabetismo o la incultura científica,
adolece de una serie de patologías (como si de un enfermo se tratase) que
ocasionan un variado conjunto de visibles síntomas: desempleo, impotencia por
falta de conocimientos técnicos o científicos, baja productividad, escasa y
volátil renta familiar y personal, pervivencia de prejuicios raciales y de
género impropios de sociedades ilustradas y avanzadas, creencia en que los
políticos de uno y otro bando que llevan décadas saqueándonos nos van a salvar
de la crisis...etc. Las patologías principales que yo observo (hay muchas más,
por supuesto) son las siguientes:
- Falta
de motivación de todos los agentes que participan de ella, Profesores,
estudiantes, psicólogos, padres... La desgana y la falta de incentivos que
padecen los profesores les impide muchas veces ser creativos y preocuparse
de la adecuada asimilación de conocimiento por parte de cada alumno, y
disfrutar de algo que debería ser vocacional; los estudiantes perciben
mayoritariamente la educación como un mal necesario, una condena
inevitable que les roba gran parte de su tiempo de ocio (y a los que les
gusta estudiar alguna materia se les estigmatiza como empollones, raritos
o cosas peores); los psicólogos son incapaces muchas veces de entender los
problemas que sufren los alumnos al no estar originados únicamente por
aspectos internos del estudiante, o de conciliar los intereses de familia,
colegio y paciente (cuando no tienen más problemas que sus propios
pacientes, que también los hay). Y por último los padres, como resultado
de un bucle que procede de las antípodas de la historia (sistema educativo
en muchos casos poco modernizado, heredero de la educación militar
prusiana), han sido educados en unos valores y de una manera que les dificulta
entender y ayudar a sus hijos.
- Modelo
educativo público insostenible y adoctrinador. El propio concepto de la
educación de prestación pública constituye per sé un
freno al progreso y a la mejora de la sociedad. Su necesidad suele
justificarse por la exigencia de universalidad, para favorecer que todas
las personas puedan acceder en condiciones de igualdad a una formación
académica estandarizada sin discriminaciones por razones económicas o
sociales. Sin embargo lo único que extraigo de esta exigencia totalmente
razonable es que es legítima la existencia de una especie de seguro
público, sufragado con los impuestos (infinitamente más bajos que hoy en
día) que permita a aquellas personas que no puedan costearse una educación
por sus propios medios poder disfrutar de ella. Podemos discutir la
posibilidad de que sea el sector privado el que canalice estos mecanismos
por medio de préstamos y donaciones, incluso de financiación empresarial,
pero bien. Por si no alcanzase con éso, puede haber un esfuerzo colectivo
(y coactivo) para compensar los puntuales fallos de mercado que se puedan
producir. Pero ese manido argumento no legitima ni hace más tolerable que
todos los ciudadanos, con independencia de nuestro nivel de renta, debamos
sufragar obligatoriamente una educación que en muchos casos no se utiliza
apenas, y que resulta ineficiente, está politizada y pretende igualar
injustamente a todos los niños.
- Burocracia
y rigideces. Como todo lo que tocan las Administraciones Públicas (son el
Rey Midas del papeleo) el funcionamiento y organización de los centros
educativos está repleto de protocolos innecesarios, trabajadores
desmotivados, papeleo insulso y esfuerzos insuficientes de innovación y
agilización. Y ésto no sólo afecta al sector público, sino que contagia al
sector privado, en su interrelación con las Administraciones o en su
propio desarrollo interno.
- Riesgo
de adoctrinamiento y politización: la técnica del rebaño. Metiéndonos en
terrenos más sinuosos y controvertidos, la educación está sometida a la ideologización
de quien la controla. En la educación privada tiene fácil solución (no me
gusta la educación en valores religiosos, ergo evito
matricular a mi hijo en un colegio católico), pero en la pública hay una
total e impune exposición a que los contenidos académicos que se imparten
estén sesgados y manipulados en favor del partido o ideologías
predominantes en ese momento (concretamente, con desviaciones ocasionales
hacia la izquierda, el consenso socialdemócrata actual). No cuestiono que
haya muchas y meritorias excepciones, y que hay materias más proclives a
la censura y a lo tendencioso que otras (el derecho más que la biología,
por ejemplo), pero siempre suele aparecer la mano del político en todas
las materias, Suele ser sutil y apenas perceptible, pero para cualquier
persona medianamente crítica e informada saltan a la vista. La razón,
entre otras, procede de que a muchos de nuestros políticos no les interesa
fomentar el pensamiento independiente y el autodidactismo; no vaya a ser
que nos hagamos demasiado inteligentes y autónomos y decidamos que ya no
les necesitamos, o nos dediquemos a cuestionar sus decisiones.
- Promoción
involuntaria y subrepticia de lacras como la exclusión social, las
depresiones infantiles y juveniles e, incluso, el acoso escolar. Y ello se
consigue igualando forzosamente a todos los niños, pretendiendo
orgullosamente que exista un modelo único y perfecto válido para todos los
estudiantes. Esto es una falacia y un error imperdonable. Es necesario que
existan escuelas y universidades especializadas en alumnos con
deficiencias mentales, superdotación y altas capacidades o vocación
temprana de desempeño de oficios (formación profesional); o al menos aulas
o grupos de trabajo diferenciadas en cada centro que se centren en cada colectivo.
Muchos niños con altas capacidades o minusvalías psíquicas sufren el
desprecio o la indiferencia de sus compañeros, y ello puede culminar en
finales trágicos que vemos, desgraciadamente, casi a diario. Por otro
lado, cada alumno es un mundo; la mente humana es tan compleja, y la
neurociencia ha avanzado tan poco en su comprensión, que cada alumno y
cada padre ha de poder elegir individualmente qué modelo o sistema
educativo se ajusta más a sus preferencias, necesidades y condiciones.
- Corrupción
y surgimiento de movimientos de respuesta, usualmente violentos o
peligrosos. Los dirigentes educativos no están exentos de privilegios
injustos y de comportamientos poco éticos, especialmente en la educación
superior, y como reacción social pueden emerger movimientos radicales
estudiantiles como Podemos y similares, con muchos adeptos adoctrinados
entre sus filas que creen hallar la respuesta a todos sus problemas (sin
darse cuenta de que sólo lo empeorarían). Aunque la protesta colectiva
siempre es necesaria y respetable, nunca se puede tolerar la coacción o el
uso de la violencia contra ningún estudiante o persona inocente.
- Abandono
de ideas como el pensamiento libre, la autocrítica, el emprendimiento, la
tolerancia intelectual y social, el individualismo sano, el idealismo y el
amor a la ciencia; y estímulo de otras como el colectivismo, la aceptación
forzosa de injusticias, el respeto a normas sociales o legales aberrantes
o inútiles, el victimismo y la confianza en el Buen Pastor Papá
Estado,
Por éstos y otros muchos motivos que seguramente me haya dejado en el
tintero creo que, antes de indignarnos con las injusticias sociales y
económicas que vemos y sufrimos a diario, reflexionemos. Pensemos si es posible
que la ceguera intelectual de muchas personas ante el secuestro mental al que
nos tiene sometidos el colectivismo (socialismo de todos los partidos)
imperante se deba a que desde que nacemos nos implantan ese pequeño chip, ese
condicionamiento que procede de hace generaciones, llamado educación politizada.

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