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domingo, 26 de junio de 2016



LA REBELIÓN DE ATLAS, DESCUBRIMIENTO Y CRÍTICAS AL OBJETIVISMO






Lo reconozco; pese a que simpatizo con el liberalismo, nunca había leído ninguna obra de Ayn Rand 

ni me había interesado por el objetivismo. Los motivos son diversos: la educación pública rechaza

sus ideas por su incorrección política, su repercusión en Europa fue escasa, desinterés por la

filosofía...etc. Baste decir que traté de empezar a leer El Manantial, pero pese a su innegable calidad

literaria y los interesantes postulados morales que propugna, el libro me parecía denso, y su

protagonista algo apático y falto de carisma. Abandoné tan soporífera lectura y descubrí que el

argumento de La Rebelión de Atlas, con más contenido económico, se ajustaba más a mis intereses 

literarios en esos momentos. 

Para empezar, debo decir que nunca me han asustado los libros extensos; tal vez sí los ensayos, pero

nunca las novelas. De hecho habitualmente les exijo a las narraciones una longitud mínima, que

decido en función de mis intereses del instante particular. Y por tanto, he podido disfrutar sin apenas

problemas de una de las mejores novelas libertarias de la historia. La mejor que he leído hasta el 

momento.

En primer lugar, y desde una perspectiva literaria, el libro es de una calidad aceptable. Lo considero 

precursor de muchas novelas del género "steampunk", o de la ciencia ficción distópica, aunque con 

una excesiva carga ideológica. La narrativa es poco fluida en muchas ocasiones, con discursos 

reiterativos y demasiado sentimentalismo en el tema de las relaciones amorosas, pero sabe mantener 

en general el interés del lector e hilvana una trama coherente, no demasiado previsible aunque sí con 

pocos giros inesperados (exceptuando algunas partes, como cuando cierto personaje llega a cierto 

sitio en un momento inadecuado). Los monólogos internos a veces se hacen interminables, aunque 

ayudan a dotar a los personajes de cierto trasfondo y humanidad. En definitiva, si el lector busca una 

novela de ciencia ficción llena de acción o con una trama apasionante y sin respiro, es una mala 

elección optar por esta novela. La trama es lenta y se halla impregnada de filosofía moral y 

económica.

Sin embargo, para aquellos que buscamos profundizar y dotar de contenido y soporte filosófico y 

empírico al capitalismo y a nuestras convicciones liberales, el libro es excelente, aunque con 

matices. 

Primero enuncio las virtudes: coincido en casi todas las reflexiones de la autora, cuya filosofía queda 

consignada a través de los distintos protagonistas anticolectivistas. Este libro me ayudó a descubrir, 

por ejemplo, que sacrificarse por obligación es inmoral y un acto de autodestrucción personal; que la 

mejor forma de canalizar y desarrollar el pensamiento científico y la investigación tecnológica es a 

través de la empresa, y no extrayendo sus rentas forzosamente a la ciudadanía; que ningún ser 

humano tiene derecho a exigirle a otro que se sacrifique por él, ni que se haga responsable de errores 

que no ha cometido; que la política es una profesión reprobable y amoral, por que se basa en sustraer 

a los demás sus recursos para servirse de ellos como forma de subsistencia; que la razón es 

fundamental para el progreso material de la humanidad, y que sacrificar nuestros principios morales 

en beneficio del pragmatismo sólo conduce a que cometamos cualquier tropelía en perjuicio de los 

demás, convirtiéndonos en seres malvados, o potencialmente maliciosos; que el interés general es un 

eufemismo de beneficio particular de ciertas oligarquías; y que el corporativismo y la economía 

social de mercado conduce irremisiblemente a tener que decidir entre socialismo o capitalismo. 

Todas ellas, junto con otras que seguramente haya olvidado, experiencias, certezas y normas morales que 

llevaré conmigo toda la vida. Esta novela nos enseña a pensar por nosotros mismos, a tener capacidad 

de trabajo y deseos de aprender y explotar nuestra capacidad racional. Nos muestra lo peligrosas que 

son las religiones y el socialismo para la sociedad y para los individuos, y nos impulsa a apreciar la 

buena filosofía; Hugh Akston es un personaje fantástico, al igual que Hank Rearden, con el que me 

sentí muy identificado en muchos aspectos. Nos advierte sobre los peligros del autosacrificio, y de 

huir del lucro y del bienestar individual por ser políticamente correcto. Y nos demuestra que nadie, ni 
siquiera nuestra propia familia, tiene derecho a arrebatarnos nuestros sueños o a obligarnos a ser 

inmorales.

Ahora, como bien he podido aprender de Francisco Capella, otro hombre al que admiro como a Ayn 

Rand, vamos a la parte de las críticas. A su vez serán cuestionamientos que planteo para refutar al 

objetivismo, ya que la crítica estrictamente literaria ya la he realizado antes:
  • Ayn Rand abusa demasiado de la consideración de las verdades objetivas. Es cierto que el relativismo moral es muy pernicioso, y que en el ámbito de la ciencia, A es A, parafraseando a John Galt; pero no olvidemos que la confrontación pacífica de ideas contrapuestas enriquece el conocimiento humano e individual. No afirmo que en muchos casos la realidad sea inequívoca (sobre todo en las leyes naturales), pero hay que tener en cuenta que nuestra tesis o criterios de existencia no podemos profesarlos como un credo o una verdad absoluta; tenemos que escuchar y aceptar críticas ajenas, para mejorar nuestra forma de vivir y nuestrs convicciones éticas y morales.
  • Pese a que coincido con Ayn Rand en su análisis sobre lo perverso de disfrazar la violencia de justicia social, considero que el objetivismo minusvalora o al menos le hace el vacío en muchas ocasiones a la necesaria cooperación entre individuos libres e iguales, Por supuesto que toda coacción y ejercicio de la violencia es ilegítima y moralmente reprobable, pero el excesivo individualismo conduce al aislamiento y a la muerte de nuestras convicciones; si no entramos en debates públicos, si no intentamos persuadir al adversario de nuestra superioridad moral y científica, nuestra doctrina sucumbirá cuando nuestro complejo organismo interrumpa su actividad metabólica. Y además, a veces lo más eficiente y productivo para uno mismo, y lo mejor, es asociarse con otros para alcanzar la felicidad,
  • La envidia y el odio son, en efecto, el alimento de los totalitarismos colectivistas. Pero no por ello debemos despreciar sus ideas en conjunto, porque pese a que la mayoría de ellas estén erradas en todo, algunas nos pueden invitar a reflexionar y a modificar, a pulir, nuestras creencias y convicciones.
  • No comprendo la obsesión de Ayn Rand por el tabaco. Comprendo el contexto de la época en la que el libro fue concebido, pero tan mala es la autodestrucción moral por medio del autosacrificio (en efecto, sacrificarse por un bien mayor forma parte del egoísta virtuoso, aunque realmente no sería genuinamente un acto de sacrificio) como la autodestrucción física por medio del consumo de sustancias tóxicas para el organismo. Por supuesto cada uno puede hacer con su cuerpo lo que le plazca, pero en el terreno de la moral individual, creo que el mejor ser humano es el que intenta maximizar su vida sin reducir la de los demás.
  • La arbitrariedad intrínseca a toda ideología minarquista. ¿Por qué el Estado debe administrar la Justicia? Tal vez sí los delitos penales, pero en general podría perfectamente canalizarse a través de mecanismos alternativos privados como el arbitraje y la mediación. El Derecho debería fundamentarse en interpretar literalmente los contratos entre particulares, y en perseguir los atentados contra la vida, la libertad y la propiedad; toda la paranerfalia cínica de la InJusticia actual sobra, salvo que la paguen los que quieren que exista. Pero Ayn Rand no tiene en cuenta que, por ejemplo,puede ser necesario que el Estado garantice a la sociedad que nadie tiene derecho a engañar a nadie; debe proteger a toda la sociedad de los embusteros. Aún así yo no soy anarcocapitalista tampoco, y creo que en materia de seguridad, defensa exterior (Ejército) y justicia penal podría discutirse la necesidad de la presencia del Estado.
  • Por último, está el asunto de la defensa de Ayn Rand del aborto. Aquí reconozco que voy un poco a contracorriente, porque dado mi interés por la biología, tengo que discrepar con la tesis que sostenía esta brillante mujer. Considero que la biología ha demostrado sobradamente que en cuanto se produce la fecundación, es decir, en cuanto hay unión del óvulo y del espermatozoide, se crea un ovocito con potencial de convertirse en un ser humano. Si la concepción ha sido voluntaria (o al menos no se han tomado todas las precauciones que, dados los medios actuales, se podían haber tomado para evitarlo), la mujer no es libre para asesinar a ninguna persona, aunque esté en cierta forma "parasitando" a la madre. Si el acto sexual ha sido consciente y voluntario, se ha creado una vida; y todo acto que implique eliminarla por su inconveniencia o egoísmo malvado (no el egoísmo bueno) sería moralmente reprobable. Una mujer puede hacer lo que quiera con su cuerpo, pero el embrión que se está desarrollando en su organismo ha surgido de un acto voluntario y consciente, de una tácita o explícita aceptación de que le cedes a ese niño tus genes para que pueda subsistir a tu costa durante nueve meses. Creo, aunque deteste las prohibiciones, que si el aborto se realiza tras un acto sexual consciente o imprudente, para mí sería constitutivo de delito. Más complejos son los casos de malformaciones en el feto o peligrosidad para la vida de la madre; creo que en esos casos, si la malformación priva al nonato de su capacidad de decisión racional sobre su vida; es la madre la que en última instancia debe decidir ( sería moralmente conveniente que previa consulta con el padre, aunque la decisión última ha de corresponderle a la madre, que es la que aporta su cuerpo y sus nutrientes al feto). También podrían excluirse los casos, muy puntuales, en los cuales la mujer desconoce e ignora los métodos anticonceptivos, o no puede acceder a ellos, aunque ésto es todavía más dudoso. Por supuesto es mi punto de vista, respaldado en algunas evidencias científicas, pero que puede estar perfectamente errado.
En conclusión, creo que todos deberíamos leer esta novela. Aunque no me identifique del todo con

ella, te permite descubrir una nueva forma de vivir mejor y más feliz, y contribuye a sustentar y

refrendar las convicciones morales de todo liberal. Constituye un arma muy valiosa contra la

dictadura del socialismo y contra la corrupción moral de la sociedad actual.





martes, 29 de marzo de 2016


EL PROBLEMA ESTÁ EN LA EDUCACIÓN


El título lo dice todo. Y con educación no me refiero a ceder el asiento a una persona mayor en el autobús o a dejar salir a los pasajeros del metro antes de entrar (aspectos también importantes, pero menos que el que voy a comentar). 
Dado que no soy pedagogo ni sociólogo, no voy a aburrir con multitud de datos y estudios relevantes. Me limitaré a aportar mi perspectiva subjetiva, para que todo aquel que discrepe pueda enriquecer el debate con sus propios argumentos mediante comentarios, si así lo desea.
Siempre que ocurre una tragedia (desahucio, atentado, crisis económica), o simplemente escucho deficiencias presentes en nuestra sociedad o más concretamente en el sistema educativo, me exaspero y me cabreo de una manera superlativa. En parte es causa de mi personalidad (me afecta mucho ver sufrir a otras personas, aunque no las conozca ni vivan en mi país), pero también he extraído una conclusión contundente; la educación española, pese a haber solucionado graves problemas como el analfabetismo o la incultura científica, adolece de una serie de patologías (como si de un enfermo se tratase) que ocasionan un variado conjunto de visibles síntomas: desempleo, impotencia por falta de conocimientos técnicos o científicos, baja productividad, escasa y volátil renta familiar y personal, pervivencia de prejuicios raciales y de género impropios de sociedades ilustradas y avanzadas, creencia en que los políticos de uno y otro bando que llevan décadas saqueándonos nos van a salvar de la crisis...etc. Las patologías principales que yo observo (hay muchas más, por supuesto) son las siguientes:
  • Falta de motivación de todos los agentes que participan de ella, Profesores, estudiantes, psicólogos, padres... La desgana y la falta de incentivos que padecen los profesores les impide muchas veces ser creativos y preocuparse de la adecuada asimilación de conocimiento por parte de cada alumno, y disfrutar de algo que debería ser vocacional; los estudiantes perciben mayoritariamente la educación como un mal necesario, una condena inevitable que les roba gran parte de su tiempo de ocio (y a los que les gusta estudiar alguna materia se les estigmatiza como empollones, raritos o cosas peores); los psicólogos son incapaces muchas veces de entender los problemas que sufren los alumnos al no estar originados únicamente por aspectos internos del estudiante, o de conciliar los intereses de familia, colegio y paciente (cuando no tienen más problemas que sus propios pacientes, que también los hay). Y por último los padres, como resultado de un bucle que procede de las antípodas de la historia (sistema educativo en muchos casos poco modernizado, heredero de la educación militar prusiana), han sido educados en unos valores y de una manera que les dificulta entender y ayudar a sus hijos.
  • Modelo educativo público insostenible y adoctrinador. El propio concepto de la educación de prestación pública constituye per sé un freno al progreso y a la mejora de la sociedad. Su necesidad suele justificarse por la exigencia de universalidad, para favorecer que todas las personas puedan acceder en condiciones de igualdad a una formación académica estandarizada sin discriminaciones por razones económicas o sociales. Sin embargo lo único que extraigo de esta exigencia totalmente razonable es que es legítima la existencia de una especie de seguro público, sufragado con los impuestos (infinitamente más bajos que hoy en día) que permita a aquellas personas que no puedan costearse una educación por sus propios medios poder disfrutar de ella. Podemos discutir la posibilidad de que sea el sector privado el que canalice estos mecanismos por medio de préstamos y donaciones, incluso de financiación empresarial, pero bien. Por si no alcanzase con éso, puede haber un esfuerzo colectivo (y coactivo) para compensar los puntuales fallos de mercado que se puedan producir. Pero ese manido argumento no legitima ni hace más tolerable que todos los ciudadanos, con independencia de nuestro nivel de renta, debamos sufragar obligatoriamente una educación que en muchos casos no se utiliza apenas, y que resulta ineficiente, está politizada y pretende igualar injustamente a todos los niños.
  • Burocracia y rigideces. Como todo lo que tocan las Administraciones Públicas (son el Rey Midas del papeleo) el funcionamiento y organización de los centros educativos está repleto de protocolos innecesarios, trabajadores desmotivados, papeleo insulso y esfuerzos insuficientes de innovación y agilización. Y ésto no sólo afecta al sector público, sino que contagia al sector privado, en su interrelación con las Administraciones o en su propio desarrollo interno.
  • Riesgo de adoctrinamiento y politización: la técnica del rebaño. Metiéndonos en terrenos más sinuosos y controvertidos, la educación está sometida a la ideologización de quien la controla. En la educación privada tiene fácil solución (no me gusta la educación en valores religiosos, ergo evito matricular a mi hijo en un colegio católico), pero en la pública hay una total e impune exposición a que los contenidos académicos que se imparten estén sesgados y manipulados en favor del partido o ideologías predominantes en ese momento (concretamente, con desviaciones ocasionales hacia la izquierda, el consenso socialdemócrata actual). No cuestiono que haya muchas y meritorias excepciones, y que hay materias más proclives a la censura y a lo tendencioso que otras (el derecho más que la biología, por ejemplo), pero siempre suele aparecer la mano del político en todas las materias, Suele ser sutil y apenas perceptible, pero para cualquier persona medianamente crítica e informada saltan a la vista. La razón, entre otras, procede de que a muchos de nuestros políticos no les interesa fomentar el pensamiento independiente y el autodidactismo; no vaya a ser que nos hagamos demasiado inteligentes y autónomos y decidamos que ya no les necesitamos, o nos dediquemos a cuestionar sus decisiones.
  • Promoción involuntaria y subrepticia de lacras como la exclusión social, las depresiones infantiles y juveniles e, incluso, el acoso escolar. Y ello se consigue igualando forzosamente a todos los niños, pretendiendo orgullosamente que exista un modelo único y perfecto válido para todos los estudiantes. Esto es una falacia y un error imperdonable. Es necesario que existan escuelas y universidades especializadas en alumnos con deficiencias mentales, superdotación y altas capacidades o vocación temprana de desempeño de oficios (formación profesional); o al menos aulas o grupos de trabajo diferenciadas en cada centro que se centren en cada colectivo. Muchos niños con altas capacidades o minusvalías psíquicas sufren el desprecio o la indiferencia de sus compañeros, y ello puede culminar en finales trágicos que vemos, desgraciadamente, casi a diario. Por otro lado, cada alumno es un mundo; la mente humana es tan compleja, y la neurociencia ha avanzado tan poco en su comprensión, que cada alumno y cada padre ha de poder elegir individualmente qué modelo o sistema educativo se ajusta más a sus preferencias, necesidades y condiciones.
  • Corrupción y surgimiento de movimientos de respuesta, usualmente violentos o peligrosos. Los dirigentes educativos no están exentos de privilegios injustos y de comportamientos poco éticos, especialmente en la educación superior, y como reacción social pueden emerger movimientos radicales estudiantiles como Podemos y similares, con muchos adeptos adoctrinados entre sus filas que creen hallar la respuesta a todos sus problemas (sin darse cuenta de que sólo lo empeorarían). Aunque la protesta colectiva siempre es necesaria y respetable, nunca se puede tolerar la coacción o el uso de la violencia contra ningún estudiante o persona inocente.
  • Abandono de ideas como el pensamiento libre, la autocrítica, el emprendimiento, la tolerancia intelectual y social, el individualismo sano, el idealismo y el amor a la ciencia; y estímulo de otras como el colectivismo, la aceptación forzosa de injusticias, el respeto a normas sociales o legales aberrantes o inútiles, el victimismo y la confianza en el Buen Pastor Papá Estado, 
Por éstos y otros muchos motivos que seguramente me haya dejado en el tintero creo que, antes de indignarnos con las injusticias sociales y económicas que vemos y sufrimos a diario, reflexionemos. Pensemos si es posible que la ceguera intelectual de muchas personas ante el secuestro mental al que nos tiene sometidos el colectivismo (socialismo de todos los partidos) imperante se deba a que desde que nacemos nos implantan ese pequeño chip, ese condicionamiento que procede de hace generaciones, llamado educación politizada.














jueves, 19 de noviembre de 2015

EL MACHISMO



Parece que le he cogido el gusto a hablar de temas controvertidos. Pero me parecía necesario hacerlo, puesto que es un tema de debate muy recurrente en nuestra sociedad.
Y desde el principio, comienzo aportando mi visión personal. Considero que el hombre y la mujer, igual que el negro y el blanco, son y deben ser tratados como iguales. Con ello no pretendo decir que se les trate de igual manera pese a que sus condiciones personales sean distintas, puesto que ello implicaría cometer igualmente una discriminación; simplemente creo que ambos deben partir de unas condiciones de igualdad, y que sean sus cualidades y no su género las que determinen su éxito o fracaso.
Pese a que se han producido notables avances en este ámbito, y la sociedad ha interiorizado la necesidad de respetar a las mujeres, todavía persisten innumerables clichés que en modo alguno se encuentran justificados. Es indudable que muchas personas, pese a posicionarse como totalmente respetuosas con las mujeres, opinan que éstas son inferiores física o intelectualmente a los hombres, sea de forma mayoritaria o absoluta. Y pese a que sea cierto que biológicamente en muchos casos el hombre medio posee una estructura muscular más robusta, ello no es más que un promedio estadístico, con la superficialidad y arbitrariedad que ello comporta. En realidad, una mujer no es mas inteligente o más débil que un hombre exclusivamente por su género, puesto que puede entrenarse (física y mentalmente) para superar a la mayoría de los hombres en cualquier aspecto, o en ambos. Si solemos asociar la imagen de una persona fuerte con un cachas de gimnasio, ello se debe simple y llanamente a las costumbres y hábitos machistas imperantes en el pasado: estaba bien visto que el hombre ganase masa muscular pero no la mujer, puesto que ello comprometía su feminidad y era interpretado lamentablemente como síntoma de lesbianismo (entrando ya en el terreno de la homofobia); e incluso años atrás, las mujeres vieron muy dificultadas sus posibilidades de recibir estudios superiores en condiciones de igualdad respecto de los hombres (recuérdese el ejemplo de Clara Campoamor, célebre política de la Segunda República).

Otra lacra repugnante de nuestra sociedad, la violencia de género, es una manifestación más de que por desgracia todavía hay hombres que se creen investidos de autoridad para quitarles la vida o mortificar a sus esposas, novias o hermanas si les estorban; todo ello sin obviar que también hay violencia en sentido inverso, y entre parejas del mismo sexo. En este caso opino que la Justicia debería ser plenamente imparcial, y no estar predispuesta (como ocurre hoy en día) a dar la razón a una parte concreta y pasarse por el forro el principio de la presunción de inocencia.

Sin embargo, no dejo de observar con preocupación cómo determinados colectivos sociales (las señoritas de FEMEN son el ejemplo más evidente) han radicalizado hasta el extremo esta demanda social de la igualdad sexual, llegando a reivindicar e incluso a materializar avances manifiestamente feministas (es decir, discriminatorios contra el hombre). Si la solución al machismo es el extremo opuesto, es que los humanos somos más tontos que un pie. El problema de fondo que subyace es que este tipo de organizaciones utilizan un fin loable (defender y proteger el derecho de las mujeres a ser tratadas por igual) con fines políticos y económicos. Las mujeres que de verdad defienden esta premisa propia de un país civilizado son las que día tras día se entregan en su jornada laboral, hacen su vida de manera independiente como personas libres y luchan por que se reconozcan sus méritos profesionales y personales. Son tanto las que van a hacer la compra y cuidan de sus hijos, como las ejecutivas que presiden un consejo de administración o las científicas que investigan la cura contra funestas patologías. Porque son libres de elegir la vida que desean llevar, dentro del margen de libertad que toda la casta oligárquica que nos expolia nos permite disfrutar (no podía evitar soltar una pulla de las mías).

domingo, 28 de junio de 2015

LA CUESTIÓN GRIEGA: RUINAS Y RUINES




Nunca había estado este pequeño país mediterráneo tan de moda como durante los últimos meses. Mientras que hace unos años el ciudadano medio sólo conocía de él el yogur, las islas y las polis de la Edad Antigua, han irrumpido como rasgos definitorios del país la ineptitud, el embuste y una picaresca que haría sonrojarse al mismísimo Lazarillo de Tormes. Grecia es, en resumidas cuentas, el arquetipo de Estado cuyos ciudadanos y administraciones públicas han 'vivido por encima de sus posibilidades'. Ya que a mí, al igual que a muchos otros economistas, no me gusta utilizar explicaciones regionalistas y estereotípicas ("los griegos siempre han sido así de vagos", "sólo saben vivir del turismo", "cobran todos pensiones de sus muertos"...etc),aportaré la que para mí es la razón fundamental de esta situación: una crisis clara del euro y de la Unión Europea,que precisa de una profunda regeneración.
Considero que la decisión adoptada por Syriza de convocar un referéndum encubierto de permanencia en el euro es correcta, pese a no ser la que yo preferiría. Estoy harto de observar, con rabiosa impotencia, cómo nuestros dirigentes políticos nacionales y europeos deciden sobre asuntos que nos conciernen a todos con altanería y secretismo. Los ciudadanos les designamos, ilusos como somos, para que nos representen en instituciones corruptas y repletas de burócratas sin apenas conocimientos sobre nada excepto sobre las leyes que ellos mismos crean; pero los cuales sin embargo se ocupan de dirigir materias y ámbitos de la economía, la ciencia y la sociedad, distorsionando e incluso sustrayendo su control al sector privado (no hablo de malvadas multinacionales, hablo de la ciudadanía). El gobierno español decidió unilateralmente suministrar 26000 millones de euros a Grecia, un país sumido en la inestabilidad política y económica, y lastrado por pavorosos estigmas que aquí en España conocemos bien (corrupción política, endeudamiento privado y público desmesurados, recesión económica y crisis de los servicios básicos del Estado del Malestar como sanidad y pensiones...). 26000 millones de euros extraídos de los patrimonios de los contribuyentes españoles, sin ni tan siquiera consultar a la ciudadanía si deseábamos o no ser solidarios con las entidades financieras y la casta política griega. Nuestra adhesión a la UE y a la Unión Monetaria nos obliga, a voluntad de los políticos europeos, a transferir renta al país para minimizar las probabilidades de que incurra en el temido 'default'. Qué fácil es ser solidario con el dinero ajeno, sobre todo cuando dispones de todo un aparato estatal para coaccionar al que se niegue a seguir financiando el despilfarro griego y europeo. En cambio, más vale tarde que nunca, al menos Tsipras (con el que tengo poca afinidad ideológica) ha optado porque sea el soberano pueblo griego el que delibere sobre el destino de su país. Resulta obvio que es una forma ingeniosa de lavarse las manos frente a una posible votación desfavorable a la permanencia, pero también que deben ser los griegos, y no sus representantes, los que decidan sobre estas delicadas cuestiones. Que se dejen de negociaciones ocultas, reuniones y demás espectáculos para mantener las apariencias.
Yo ni soy comunista, ni antisistema, ni tan siquiera izquierdista. Sólo exijo de los políticos que sean honrados, hagan lo imprescindible y devuelvan el poder a los ciudadanos en la medida en que éstos lo soliciten. Y por tanto, creo que una posible salida del euro para Grecia constituye una oportunidad a largo plazo para el bienestar de su pueblo. Y así lo considero por las siguientes razones:
  • El bucle financiación comunitaria-endeudamiento del sector público-mayor presión fiscal-contracción del crecimiento económico-necesidad de más financiación, se está tornando insostenible para la ciudadanía griega. El hipertrofiado Estado griego, como muchos otros Estados europeos, ha crecido exponencialmente en tamaño y funciones a costa de una onerosa y confiscatoria fiscalidad interna y el endeudamiento exterior para captar recursos financieros. La solución no es seguir alimentando esta deleznable atrocidad mientras los ciudadanos griegos se ven cada vez más saqueados por el Estado, y con menor renta disponible por la subida de precios y la reducción de salarios.
  • El euro es un fracaso, le pese a quien le pese. Permitir que países tan dispares y variopintos en cuanto a riqueza, nivel de vida y desarrollo económico adopten forzosamente una moneda común solo podía conducir a que los países mas prósperos financiasen la ruina de los países mas atrasados y con tradición inflacionista y mayor control estatal de su economía. No hay ningún problema en que cada país utilice la moneda que considere oportuna.
  • El BCE adolece de los mismos vicios que los antiguos bancos centrales nacionales. Es un prestamista de los gobiernos nacionales, y ha sido actor protagonista en ese despropósito monumental que ha sido el rescate a la banca.
  • Pese a que con un gobierno estatalista y hostil con la libertad de mercado como el de Syriza lo veo harto complicado, los griegos pueden si lo desean transformar su país. Expulsar a los dirigentes políticos, de una y otra ideología, que les han arruinado y excluido de Europa, y asumir el protagonismo en la reconstrucción de un país que, de una u otra manera, está devastado. Y ello creo que sólo puede lograrse mediante el juego del libre mercado y la conversión progresiva del descomunal Estado griego en un Estado mínimo subsidiario y defensor de los intereses generales de sus ciudadanos.
  • Si el sistema financiero griego tiene que quebrar, que quiebre. Si Grecia desea que sus entidades financieras sean solventes y fiables, resultará imprescindible desvincularlas plenamente del plano político y que se gestionen exclusivamente como empresas privadas, que es lo que siempre debieron ser. No ONGs, ni chiringuitos privados de los políticos.
  • Lo más beneficioso de la Unión Europea es la libertad de circulación de mercancías, personas, capitales y de establecimiento de empresas y prestación de servicios. Ha constituido el principal motor del crecimiento económico europeo (y no planificaciones regulatorias desastrosas como la PAC y la Política Regional) y la tabla de salvación para facilitar que muchos países europeos poco avanzados mejorasen su nivel de desarrollo. Grecia, al igual que España, no debe renunciar a eso. El proteccionismo y el aislamiento internacional abocarían a Grecia a su desaparición, o a convertirse en un satélite del eje comunista Rusia-China.
  • Grecia debe hacer frente a sus compromisos financieros con el sector público europeo (no con el privado, con el cual ya no existe incertidumbre apenas), pero no aceptar un euro más de los contribuyentes europeos. Esto le permitiría poder funcionar autónomamente, sin verse condicionado por las imposiciones de sus acreedores. Para ello sería necesario negociar con la Unión Europea unas condiciones de pago que permitiesen a Grecia sufragar su deuda conforme se reduzca el gasto público y mejore la recaudación estatal. Antes de reducir drásticamente el tamaño del Estado, hay que respetar la legalidad aunque no la compartamos.
Lo que acabo de comentar es una utopía, lo sé. Pero me he explayado con tanta vehemencia porque creo que esta Grecia que planteo debería ser la referencia para España. Soy consciente de lo complejo y difícil que resultaría el proceso para ambos países, pero es la única manera de que puedan recuperarse de esta inestabilidad que nos asola día tras día, y que tan bien les viene a nuestros dirigentes políticos.





sábado, 20 de junio de 2015


EL SOCIOLIBERALISMO









Lo sé. A algunos les puede resultar confuso este término. A otro les puede recordar a ese difuso sistema político actual de 'economía social de mercado', que trata de combinar las mejores virtudes de ambos sistemas (estatalismo y liberalismo) combinando sus virtudes pero también sus defectos. Pero quiero explicar, con un ejemplo muy actual, qué significado le atribuyo, en mi humilde opinión, a este concepto.

Las elecciones municipales y autonómicas, cuyos rescoldos todavía humean por los medios de comunicación, han supuesto un punto de inflexión indudable en nuestra historia democrática. Por primera vez en la historia un grupo político, Podemos (con el que tengo muchas diferencias ideológicas) ha conseguido aglutinar en su seno a una ciudadanía activa, comprometida y llena de esperanza. En lugar de prometer a los ciudadanos pan y circo, especulación inmobiliaria y turismo extranjero, como han venido haciendo los dos grandes partidos del régimen durante los últimos 37 años, se ha pedido a los ciudadanos que sean protagonistas de ese cambio. Y ello se ha manifestado a través de las denominadas 'plataformas ciudadanas', que a pesar de hallarse organizadas bajo la dirección de un líder político elegido por la cúpula de Podemos como los viejos partidos, se han esforzado en su gran mayoría para que los ciudadanos se sientan partícipes de ese cambio. Y esto, en lugar de desacreditarlo y considerarlo una estrategia populista (nadie ha habido más populista que PP y PSOE), lo veo como un acierto y una revolución en la manera de coordinar la participación política ciudadana.

Me defino, por si caben dudas. Soy liberal. Pero no un liberal de estos que se rasgan las vestiduras reivindicando el libre mercado y la propiedad privada mientras erigen muros inhumanos en Melilla y 'privatizan' propiedades estatales para entregárselas a sus amiguetes. Soy un liberal que considera la libertad, a todos los niveles (económica, social, cultural y política), junto a la vida, como los bienes más valiosos que poseemos los ciudadanos. El respeto a la vida, la libertad ajena y la integridad física, son las únicas restricciones naturales a la libertad individual y colectiva que contemplo. El resto de limitaciones deben ser pactadas y consensuadas, a través de un contrato privado entre la gente, y nunca impuestas desde un poder autoritario y opresor (llámese Estado, Unión Europea o Banco Central Europeo). 

Y sin embargo yo, un liberal que en ocasiones soy calificado como radical y cuasianarquista por estos liberales de pacotilla que sufrimos en España, me he sorprendido simpatizando más con estas plataformas ciudadanas afines a Podemos que con el PP o Ciudadanos. Y me explico.

Si analizamos los programas electorales, y en general los componentes ideológicos de cada ideología, los grandes bloques antagónicos en los que quieren encasillarnos presentan un afecto admirable pero insuficiente por la libertad. Partidos como el PP enuncian como esencial la libertad económica (fundamental para la consecución del progreso económico y social), aunque el actual gobierno la esté pisoteando salvajemente; pero no obstante un amplio sector de ese partido menosprecia ideologías contrapuestas a la suya, rechazan a los homosexuales y extranjeros y pretenden imponer a niños y adultos el idioma, la bandera y el himno. Es decir. Libertad económica (relativa), e intervencionismo social, político y cultural.

Por otro lado, desde la 'otra orilla' del poder, muchos de los partidarios de la socialdemocracia o del socialismo real, se posicionan a favor de la libertad sexual, de elección de trabajo, de identidad nacional, de organización política, igualdad de oportunidades para todos en el acceso a la educación, igualdad de sexos... (libertad política, social y cultural, aclaro que me refiero a este tipo de personas. No a los que reivindican el comunismo opresor, amigo encubierto del fascismo). Pero en cuanto tocamos el dinero, el aspecto económico, ay, se acabó la libertad. Llegan el dirigismo, el paternalismo, la imposición y el desprecio a la propiedad privada e incluso al libre comercio. Se cambia el respeto a la autonomía individual por la gestión coactiva de patrimonios privados por la administración forzosa y arbitraria de los políticos estatales. Es decir, libertad social, política y cultural, pero no económica.

Y luego queda la política social. Al contrario de lo que muchos socialistas creen muy equivocadamente, el liberalismo real no propugna que las personas que queden excluidas por el mercado libre y el capitalismo (un sistema imperfecto, recordémoslo) se mueran de hambre y tengan que trabajar de sol a sol percibiendo un salario de miseria sin derechos ni libertades. Nada de eso. Muy al contrario, consideramos que la única finalidad polìtica del Estado, que es subsidiaria frente al libre mercado que debe prevalecer, es facilitar que los excluidos por el sistema puedan incorporarse a él. Por lo tanto, favorecer que los pobres dejen de serlo. Pero no a través de subvenciones paupérrimas, de limosnas, otorgadas con dinero de todos; que la sanidad sea privada, pero que si alguien no puede pagarla, los impuestos (infinitamente más bajos que hoy en día) sirvan, voluntariamente (no impuestos coactivos o forzosos) para que se le entregue a esa persona un cheque sanitario: se le financia hasta que puedan, porque han podido ahorrar gracias a la reducida presión fiscal, no tener que depender de los demás y ser libres, que es una bendición para todos. Y dirán entonces usted, con buen criterio: ¿Impuestos voluntarios? ¿Y qué tonto los pagará entonces? Nuestra naturaleza egoísta, que el Estado reprime con su abuso de poder democrático, hará que nadie paguemos un duro y dejemos que los que no tengan nada o casi nada se suman en la miseria. Total, ellos se lo han buscado. Pues eso, señores, es FALSO. Acabemos ya con ese pensamiento único.

Primero, porque los seres humanos somos en general solidarios. Hay una proporción francamente reducida de individuos en el mundo, como constatan diversos estudios psiquiátricos, que no tienen empatía. ¿Están todos acaso escondidos en España? No lo creo. Sí creo que los ciudadanos tenemos conciencia colectiva, y tenemos compasión del que sufre. Hoy eres tú el que se arruina, mañana puedo ser yo. Ayudémonos todos. Pero la solidaridad es escasa hoy en día porque en su naturaleza está ser un sentimiento voluntario, y no impuesto por el poder estatal. ¿Si el Estado nos roba más de la mitad de nuestras rentas anuales para muchos gastos inútiles, de donde sacamos dinero además para ser solidarios voluntariamente? Pues sólo los filántropos, los misioneros, o los muy millonarios lo harán. El resto bastante tenemos con llegar a fin de mes y mantener a nuestras familias. Y así surgen el odio y el egoísmo: el odio de los pobres, porque no se ven del todo protegidos; y de los acomodados, porque se les pide un sacrificio inhumano e insostenible, para alimentar la voracidad del Estado que solo reparte miseria y apenas distribuye una limosna insuficientemente entre los marginados. Aparecen conceptos recurrentes como la lucha de clases, el odio racial, el enfrentamiento social. A los políticos conservadores, de distintas ideologías, que pretenden que todo siga igual, les interesa el conflicto social para que no acabemos con su dictadura burocrática y seamos los ciudadanos los que asumamos el control de nuestras propias vidas, empezando desde los ayuntamientos (base territorial de esta autonomía personal de la que hablo).

Y segundo, porque pese a que existan personas que pueden no querer sufragar estos impuestos voluntarios mínimos porque "allá se apañen los rojos o los pobres con sus problemas", allá ellos. La riqueza no dura eternamente, y si no hay un Estado que mantenga artificialmente su monopolio de la riqueza (concesiones, subvenciones, privatizaciones para empresarios amiguetes), algún día tomarán una mala decisión de inversión, y se descapitalizarán. Y se arruinarán. Y solicitarán, desolados, que se les ayude. Y las personas, que no somos crueles monstruos como quieren hacernos creer, podemos ayudarles. Cuando recuperen su suficiencia financiera, pagarán a los ciudadanos (ya que no han contribuido con impuestos anteriormente) los gastos de su rescate como consecuencia del contrato social. Y entonces podrán volver a desentenderse de los pobres, poniendo a prueba la paciencia de sus conciudadanos; o abrir los ojos y contribuir al bienestar social.

Y aquí concluyo esta parrafada diciendo: este paso que se ha dado es importante, pero no definitivo. El escalón, la última instancia, debería ser una nueva Transición ciudadana donde todas las dimensiones de la libertad que he mencionado entrasen en comunión. Que el poder político, autocrático y burocrático, fuese subsidiario, y que los ciudadanos pudiésemos elegir libremente el sistema de organización que nos parezca más adecuado, o que más nos compense seguir. Pero siempre con la igualdad de oportunidades y la libertad como bandera. Y yo, humildemente, creo que ésto es posible conseguirlo entre personas de cualquier ideología no extremista ni genocida. Porque como he mencionado, ambos bloques ideológicos abrazan la libertad, pero sólo fragmentariamente; y el siguiente paso debe ser que la extendamos a todos los ámbitos, y después cada grupo humano elija libremente y sin imponer siquiera a la minoría (salvo que lo acepten voluntariamente porque les compensa) nuestras creencias, puntos de vista y opiniones sobre cada ámbito del saber. La libertad y la igualdad de oportunidades no son rivales, no caigamos en la trampa. Es posible unirlas, si tenemos la voluntad necesaria.

lunes, 10 de noviembre de 2014

España va bien.

ESPAÑA VA BIEN


Todo este lío del referéndum ha sido, como siempre, una estrategia de los  dirigentes políticos nacionalistas y estatales para aparentar que cumplen sus compromisos y responsabilidades. Pero lo que realmente ha ocurrido es que se ha permitido que un gobierno autonómico presidido por un partido político inmerso en varios casos de corrupción y cuya sede fue embargada hace tiempo ( o debió serlo) desafía las leyes vigentes y que todos respetamos, nos gusten o no. Una serie de partidos separatistas que presumen de demócratas pero que pretenden imponer el criterio de la minoría a la voluntad mayoritaria de la ciudadanía.  Y un Gobierno cobarde, pusilánime y que busca desesperadamente un acuerdo con CIU como ya ha hecho tantas veces.

¿Por qué no salió el ministro de Justicia a comunicar una reforma en profundidad del sistema judicial que garantice su independencia, en vez de contarnos la opinión de un gobierno formado en su mayoría por inútiles acomplejados sobre una estupidez que tenía que haber sido prohibida por manifiestamente ilegal? No, eso no toca. Esperad a que el Dios Todopoderoso Mariano os hable desde su plasma e ilumine nuestras indignas vidas con su sabiduría mientras se tumba en un sofá a ver como el PP se desmorona poco a poco. Y también, lo más importante, la integridad territorial de nuestro país, el imperio de la ley, el Estado de Derecho y la democracia española. Esto me recuerda cada vez más a la República de Weimar, la Alemania de principios de los años 20. ¿Y cómo terminó todo? Un partido totalitario con un programa revolucionario  y engañoso accedió democráticamente al poder. Pensemos en ello, ya que todavía podemos pensar con libertad. No nos hace falta ninguna pandemia mundial para destruirnos. Nosotros mismos sabemos hacerlo perfectamente.

lunes, 2 de junio de 2014

NO ES ESTO

NO ES ESTO



La abdicación de Juan Carlos I de Borbón ha suscitado varios debates, algunos de ellos más áridos que otros, sobre el funcionamiento e incluso la continuidad de la monarquía. Así que no había mejor excusa para retomar mi actividad bloggera comentando esta noticia, que hoy y durante mucho tiempo será tema predominante de discusión pública.
Antes de cualquier otra consideración, informo. Me declaro abiertamente republicano, por varios motivos: Por mis profundas convicciones democráticas; por mi amor por la libertad ; y por mi afán de concebir España como un país moderno y vanguardista, que creo debe adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos.Y es ésta ultima una de las razones principales que me impulsan a reivindicar esta forma de Estado para España.
La monarquía es y ha sido, históricamente, la modalidad de organización política clásica e inherente a la evolución del Estado, tan sólo interrumpida en su historia contemporánea por dos breves períodos republicanos, a cada cual mas desastroso y catastrófico (1873-1874 y 1931-1939). El carácter hereditario de ésta y su incuestionable aceptación y estima pública originaron que, incluso en períodos de extrema convulsión política europea o mundial (Guerra de los Treinta Años, la Primera Guerra Mundial...) España preservara aceptablemente la estabilidad institucional; requisito indispensable para el progreso económico y social de un país.
España ha sido, por un tanto, un país tradicionalmente monárquico. Como también, durante muchos siglos lo habían sido nuestros vecinos franceses. Todos, por tanto, republicanos o monárquicos, hemos de reconocer el servicio inestimable que la Corona, con sus despropósitos, sus defectos y sus representantes más o menos incompetentes, ha brindado al desarrollo de nuestra nación. No obstante, cometeríamos a mi juicio un grave error si nos obstináramos en mantener lo existente por el mero hecho de que 'siempre haya sido así'. Un rasgo que distingue a los países serios y democráticos de las dictaduras es que cuando así lo requiera el contexto político y social, sus estructuras organizativas y formas de gobierno han de actualizarse y ajustarse a los cambios que la ciudadanía mayoritariamente decida realizar.
La monarquía es, a todas luces, una institución que actualmente ha quedado desnaturalizada por la consolidación de la democracia en Europa, y que a mi juicio es incompatible con los mecanismos de elección libre y democrática de los representantes políticos que establece nuestro régimen constitucional. Si el Jefe del Estado ha de ejemplarizar con su conducta y su elección, no es posible que se imponga a los representantes del poder político su elección democrática; mientras que en la jefatura del Estado se mantienen criterios antagónicos y desfasados, que establecen la consanguinidad como medio de designación del máximo dirigente del poder político del Estado ;y la transmisión de la Corona a los herederos familiares, consagrando una concepción patrimonialista del Estado que ya comenzó a estar obsoleta a principios del siglo pasado.
Sin embargo, y al contrario que muchos radicales, aprendices de golpistas y antisistema variados, no creo necesario ni deseable operar este cambio institucional quebrantando el orden constitucional ni vulnerando la legalidad vigente.Si Adolfo Suárez pudo construir un sistema democrático respetando rigurosamente la legalidad franquista, podemos los españoles realizar una segunda transición democrática sin atentar contra nuestras normas de convivencia. La república no entiende de ideologías, ni de partidos, ni de populismos baratos de quita y pon. Es una simple y mera necesidad histórica, una realidad innegable que nos permitirá afianzarnos como una nación que, sin renunciar a su pasado, es consciente de que debemos adecuarnos a lo que nos impone el presente. Eso sí. O esto lo asumimos la mayoría, obviando esa mentalidad guerracivilista que tanto perjuicio y dolor ha causado a España y olvidando esa España de los 'rojos' y 'fachas' (mentalidad ridícula, pues está defendiendo a la república un servidor, liberal de derecha no conservadora) o más vale que nos quedemos como estamos. No sea que de nuevo tengamos que exclamar, ante el fracaso de una república que algunas ideologías reclaman como patrimonio propio, lo mismo que hizo Ortega y Gasset allá por 1931:"¡No es esto, no es esto! La República es una cosa. El radicalismo es otra."

sábado, 29 de diciembre de 2012

                                       

  DACIÓN EN PAGO:           
                         
¿SOLUCIÓN
 O
 AGRAVANTE?


Lamentablemente, la lacra social de los desahucios está hoy en día más vigente que nunca. La tragedia humana, familiar y personal que esta situación conlleva no puede desdeñarse, ni mucho menos ignorarse, pues sin duda produce dolor y desaliento a todas aquellas personas que intentamos , aunque sea superfluamente, ponernos en su lugar.
Sin embargo, como suele ocurrir en muchos otros ámbitos, nuestros dirigentes políticos no proponen soluciones hasta que comienza a existir un gran impacto mediático de estos sucesos, con casos realmente horribles y desasosegantes. Por parte de algunos sectores políticos, sociales y económicos se ha planteado como antídoto la dación en pago, mecanismo que, según argumentan, mitigaría enormemente el sufrimiento de los afectados por impagos de sus créditos hipotecarios, además de ser socialmente justo y correcto. Y no puedo menos que coincidir.
Es incuestionable que, desde hace mucho tiempo, y debido a la inoperancia del Banco de España, el BCE y otras instituciones financieras, las entidades financieras españolas han perpetrado toda clase de excesos y desfalcos, vulnerando la llamada 'regla de oro' de los préstamos bancarios ('los préstamos y créditos que proporciona la banca nunca deben exceder el vencimiento de sus obligaciones de pago o deudas'), y concediendo hipotecas a individuos insolventes, carentes de avales o patrimonios consistentes que acreditasen su solvencia. Como consecuencia del elevado endeudamiento de bancos y cajas, cualquier irregularidad en los pagos podía desencadenar una brusca reducción de sus ingresos, y por tanto, un insostenible crecimiento de los impagos. Aunque no resulta erróneo admitir que muchos particulares solicitaron hipotecas conscientes de su limitada capacidad adquisitiva, en manos de los bancos estaba finalmente el no considerar fiable a esa persona, y denegarles el préstamo. Además, el artificial y desenfrenado acceso al crédito favorecía un exceso de confianza en el mercado financiero, impulsando a la banca a suministrar crédito barato y respaldado por un bien (viviendas) cada vez más iliquído y sobrevalorado. Esta situación sí era previsible y detectable, al contrario que la pérdida del empleo  del prestatario, que no podía augurar que una grave crisis económica podía arrebatarle su único medio de vida.
El sistema financiero ha suscitado, por tanto, una expansión artificial del crédito, invirtiendo en la amortización de hipotecas sin analizar meticulosamente si se trataba de proyectos rentables o no. Ello ha propiciado que, viendo las escasas objeciones que esgrimía la banca para suscribir contratos hipotecarios, personas abocadas irremisiblemente al ajuste de sus gastos y a la reducción de su poder adquisitivo como resultado de su sobredimensionado tren de vida solicitasen préstamos para adquirir una vivienda, con el propósito de residir en ella o simplemente como una inversión. Los requisitos exigidos por los bancos fueron laxos e insuficientes, por lo que los principales responsables de esta crisis inmobiliaria, junto a promotores, constructores e inactivos políticos, son ellos. Todas aquellas personas o empresas que hayan contraído una deuda con terceros materializan la obligación jurídica de amortizarla, sea con la entrega del bien, sea con la renegociación de las condiciones del préstamo, en caso de no poder abonarla por falta de liquidez. Sin embargo para las entidades financieras, perjudicadas por sus propios errores y malas inversiones, no es suficiente. En los contratos inmobiliarios incorporan, además, cláusulas según las cuales aunque se pacte la devolución de la vivienda, el receptor del préstamo tiene que seguir pagando. La justificación razonada por la banca: si se firmó ese contrato, donde la vivienda tenía un valor de mercado concreto, deben cumplirse sus condiciones. Pero la realidad es que los compradores de viviendas no tienen por qué asumir, también, el coste de la especulación inmobiliaria. Siempre tenemos que pagar los mismos. 
Lo económicamente juicioso sería que cada gente económico acarrease con las responsabilidades de su aportación a la crisis, es decir, que sus devastadores efectos sean compartidos por todos los que, de una forma u otra, hemos contribuido a crearla. Pero los bancos desean evadirse de su determinante participación en la burbuja inmobiliaria, obligando a los poseedores de hipotecas a cargar con ese lastre. Cuando se devuelve el bien que ha originado el contrato, éste queda automáticamente anulado. Y si el ordenamiento jurídico español no lo contempla, es que es necesario reformarlo.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Huelga General,pantomima fenomenal

EL DESPRESTIGIO DE UNA INSTITUCIÓN, O CRÓNICA                     DE UNA MUERTE ANUNCIADA






El descrédito y la pérdida de credibilidad por parte de las asociaciones sindicales españolas llegó a su punto culminante el pasado miércoles 14,con la reciente convocatoria de huelga general. El fracaso estrepitoso que supuso debería conllevar una profunda reflexión por parte de los dos sindicatos mayoritarios(CCOO y UGT)  de sus planteamientos y fórmulas de actuación, pero lamentablemente no quedará en más que un dato inventado y cuatro justificaciones absurdas. Y mientras tanto continúan recibiendo subvenciones cuantiosas por parte de las Administraciones Públicas, que independientemente de su signo político colaboran con ellos para mantener la viciada estructura de poder y caciquismo que conjuntamente han creado.
Resulta una verdad evidente que la sociedad española ha de reaccionar de alguna forma ante la aguda decadencia de la clase política actual, término muy denostado por ellos mismos porque se sienten identificados con él en el fondo:castas privilegiadas que simulan gobernar mientras despliegan sus redes de influencias en cargos públicos e incluso en empresas privadas, como cajas de ahorro y ONG varias.No importan las ideologías, las banderas o el bienestar de los ciudadanos;únicamente lo que ellos pomposamente denominan 'interés general de los ciudadanos'.Es decir,reformar lo que les conviene, vulnerar persistentemente sus programas electorales y preservar una apariencia de alternancia doctrinal que no es más que un cambio de caras.Como se suele apreciar coloquialmente, son "los mismos perros con distintas correas".
No obstante, que la inestabilidad y  la corrupción política sean intolerables no es óbice para que un colectivo minoritario de vándalos, llamados afectuosamente 'piquetes informativos'(o estás de acuerdo con su 'información  o te patean el comercio y te derraman el café por encima) extorsionen a comerciantes y particulares. Muchos individuos bienintencionados podrían decir que se trata de grupos exaltados sin ninguna relación con los sindicatos, pero lamentablemente la estrechez de miras no les permite ver las pegatinas de UGT y CCOO que lucen para oprobio y vergüenza de aquellos trabajadores honrados y respetuosos que, libremente, ejercen su derecho a huelga, contemplado en la propia Constitución Española.En todo país democrático civilizado lo coherente habría sido promulgar una Ley de Huelga decente, que garantice el correcto funcionamiento de este tipo de movilizaciones sociales, regulando el respeto tanto al derecho de adherirse a la huelga como el, todavía más importante si cabe,derecho al trabajo.Pero ni tan siquiera el Partido Popular, poseedor de una mayoría absoluta irrevocable y legítimamente otorgada por la ciudadanía, tiene el valor para afrontarla.El motivo es muy sencillo:sus consecuencias inmediatas serían altercados y movilizaciones por parte de un sector radical de la izquierda sindicalista.Con lo bien que se está en la Moncloa sin hacer nada, verdad Mariano...
Por añadidura, los sindicatos tampoco representan a la totalidad de los trabajadores. Ya no hablo de los desempleados, sino de aquellos trabajadores que desean acceder a un derecho laboral como es el asociacionismo y la afiliación a organizaciones que defiendan sus derechos, y que ven como los sindicatos mayoritarios están subordinados a los políticos, de los cuales perciben abundante financiación(adjunto un link donde se puede consultar las subvenciones aproximadas que recibieron UGT y CCOO entre 2008 y 2010 http://www.fasgablog.com/2012/03/todas-las-subvenciones-recibidas-por-parte-de-ccoo-y-ugt-entre-2008-y-2011/.).Lo cual ya de por sí es exasperante, ya que todos los ciudadanos, quieran o no integrarse en sindicatos de clase, han de sufragarlos con sus impuestos.Sin embargo el mayor agravante procede del hecho incuestionable de que actúan en función del partido político que ostente el poder. Cuando es la izquierda la que gobierna, sea más moderada o más reaccionaria, muestran un absurdo servilismo, lo hagan bien o lo hagan mal, que contrasta con el ímpetu furibundo y colérico que exhiben cuando cualquier partido de centroderecha como lo es el PP asume el poder.Al nefasto Zapatero le hicieron una huelga amistosa,paternalista,prácticamente en voz baja y con un irrisorio seguimiento. Acontecimientos como estos debieron ser tomados en consideración y analizados por los sindicatos, pero en lugar de dar ejemplo optaron por aferrarse a sus prebendas como los políticos, y en cuanto el PSOE abandonó su tortuosa estancia en el poder se prepararon para asaltarlo de nuevo de cualquier forma.Parafraseando a Maquiavelo, el fin no justifica los medios. Concretamente, la necesaria revolución social no se lleva a cabo de forma pacífica, consensuada y, en última instancia, independiente del poder contra el que se protesta, sino de forma violenta, parcial y cínica.No seré yo quien defienda la, por ahora, desastrosa gestión efectuada por el PP en casi todas las materias existentes, pero señores, un poco de seriedad no vendría mal.
Hacer autocrítica es, reconozcámoslo, una ardua tarea.Implica ignorar el orgullo y la altivez, meditar sobre los errores cometidos y tratar de enmendarlos. Si los sindicatos pretenden recobrar el apoyo social que gradualmente van perdiendo, podrían ejemplarizar con sus actos, trasladando a la casta política parasitaria un mensaje de racionalidad y austeridad: financiación propia mediante las cuotas que aporten sus afiliados,lealtad hacia los trabajadores independientemente de la coyuntura política y, sobre todo,respeto a la relación social que constituye su razón de ser:protección íntegra a los trabajadores para que puedan ejercer siempre que lo deseen y en cualquier situación regular, el derecho a trabajar.
PS: El mismo ejemplo cabría aplicarse a la patronal de empresarios; la iniciativa privada debe funcionar con recursos privados, y no con subvenciones públicas que podrían minimizarse y destinarse a otras actividades e instituciones más útiles.Todo hay que decirlo.