sábado, 21 de noviembre de 2015


LA VEJEZ ES UNA PATOLOGÍA





Así es como, con tan controvertido mensaje, este científico plantea la posibilidad de combatir el envejecimiento humano como si se tratase de una enfermedad. Este peculiar personaje con aspecto de Robinson Crusoe se llama Aubrey de Grey, y sus controvertidas ideas han suscitado un gran revuelo en el mundo de la biología.

He aquí un enlace donde describe con un poco más de minuciosidad sus propuestas científicas: http://www.muyinteresante.es/salud/articulo/hacia-la-eterna-juventud. Básicamente propone que es posible detener el envejecimiento y evitar que el cuerpo humano se deteriore como consecuencia de la reproducción de tumores y la ralentización del proceso de división celular (mitosis), haciendo que las células no puedan reponerse a la misma velocidad. La investigación necesaria para constatar esta hipótesis, que además podría contribuir a combatir más eficientemente patologías genéticas como el cáncer y el alzheimer, precisará de una financiación que, pese a recibirse con cuentagotas, depende en exceso de las donaciones altruistas de personas adineradas y alguna empresa. Lo cual no es malo, todo lo contrario; pero no es suficiente.

Gracias a un sometimiento periódico a diversas intervenciones quirúrgicas, inyecciones o cualquier otro procedimiento, podríamos llegar a vivir desde 30 (en los primeros momentos de la investigación) hasta incluso mil años. Lo sé. Suena a tontería proferida por un loco, un friki o un estafador. Pero sus argumentos científicos son prácticamente irrefutables, y ha pasado de ser contemplado como un excéntrico condenado al fracaso a ser respetado e incluso admirado por sus tesis y descubrumientos.

Obviando el debate de la conveniencia de que cada persona decida someterse a este tratamiento (necesario pero posterior), me indigna que esta posibilidad, las propuestas de este científico e incluso los avances en el campo de la biología molecular, no se den a conocer en los medios de comunicación. Permanentemente nos bombardean con debates estúpidos o superfluos (Cataluña por aquí, Rajoy por allá, un poco de conflicto religioso), destinados a dividirnos y enfrentarnos por nuestras creencias religiosas o ideologías. Está claro que hay que informar de todos los ámbitos posibles, y que las noticias científicas pueden parecer demasiado densas o tediosas para el futbolero o el abogado; pero ello no excluye que asuntos tan trascendentales como éste, que pueden tener una repercusión determinante en nuestra vida y nuestro futuro como especie, sean apenas mencionados, incluso ignorados flagrantemente, por los principales medios de comunicación (especialmente de televisión). Y yo me pregunto...¿por qué no se discute públicamente este asunto, de modo que el que lo considere viable pueda colaborar en su investigación (aportando capital, trabajo, ambas o simplemente transmitiéndolo a las personas de su entorno)?


Pues lo diré claramente. Hay grupos de presión (lobbys, mafias, casta, llámenlos como quieran) que ponen trabas forzosas e inhumanas al avance y al progreso de la humanidad. Y distinguiré dos elementales y básicos:
  • Los dirigentes políticos que controlan gran parte de las funciones de gobierno. Y lo diré claramente. Una mayoría de los líderes políticos que ostentan elevadas responsabilidades (jefes de Estado y de gobiernos, ministros, altos cargos de partidos políticos), observan este tipo de investigaciones como un problema molesto que es mejor que no salga a la luz. Aluden justificaciones para no destinar fondos ni incentivar este tipo de proyectos científicos tales como: claro, si hacemos ésto, vamos a ser demasiados en el planeta, o nos van a salir muy caras las pensiones si todos vivimos 200 años, o son actos que nos despojarían de nuestra humanidad. Pues bien. Me parecen argumentos inmorales, inhumanos y propios de sujetos que piensan en sus intereses individuales y no en los del colectivo en cuyo favor dicen actuar. En primer lugar porque creo que somos personas lo suficientemente adultas como para decidir por nosotros lo que queremos hacer con nuestro cuerpo en función de nuestros valores y creencias, sin que debamos por ello impedir el desarrollo de la ciencia que nos hace progresar día tras día; y en segundo lugar, porque los problemas de índole económica que se plantean no son fruto del avance inexorable de la ciencia (retrasarlo sólo supondrá autoboicotearnos) sino del sistema económico semisocialista que padecemos, y que ellos mismos han creado en su beneficio lavándonos el cerebro y convenciéndonos de que es el mejor y el único posible.
  • Las empresas que comercializan cremas, ungüentos y medicamentos que dicen retrasar el envejecimiento de nuestras células, y cuyo efecto es, en general, contrastadamente escaso, o incluso nulo. Otro grupo que nos engaña, y que además se encuentra en muchos casos privilegiado por el primero.
Para concluir terminaré diciendo que, nos parezca interesante o no, la ciencia debe progresar porque ello nos beneficiará a todos de una manera u otra. En mi opinión, aquellas personas que desean condenarnos a morir de cáncer, deterioro cognitivo o envejecimiento, sin permitirnos combatirlo de ninguna manera a través de la ciencia y de la tecnología, sólo porque a ellos no les parece bien (convicciones religiosas o morales, intereses económicos, mantenimiento de status social), me parecen repugnantes, asquerosas y totalitarias. Puede que de Grey esté equivocado, pero si invertimos en ello al final podremos vivir más y mejor. Es cuestión de tiempo. Y para mí sería maravilloso. Podríamos hacer muchas más cosas, disfrutar durante más tiempo de nuestras aficiones, gustos y personas a las que amamos, y sobre todo evitar o al menos retrasar mucho más la pérdida de nuestros seres queridos porque nuestra maquinaria orgánica se estropea. Morirse es algo malo. Causa dolor, sufrimiento, y suponemos que es el fin de nuestras vidas. Ojalá y consigamos desaparecer del mundo solo cuando queramos, y no cuando a la naturaleza le de la gana. Y cada vez estamos más cerca de conseguirlo, pese a que a algunos no les guste.







jueves, 19 de noviembre de 2015

EL MACHISMO



Parece que le he cogido el gusto a hablar de temas controvertidos. Pero me parecía necesario hacerlo, puesto que es un tema de debate muy recurrente en nuestra sociedad.
Y desde el principio, comienzo aportando mi visión personal. Considero que el hombre y la mujer, igual que el negro y el blanco, son y deben ser tratados como iguales. Con ello no pretendo decir que se les trate de igual manera pese a que sus condiciones personales sean distintas, puesto que ello implicaría cometer igualmente una discriminación; simplemente creo que ambos deben partir de unas condiciones de igualdad, y que sean sus cualidades y no su género las que determinen su éxito o fracaso.
Pese a que se han producido notables avances en este ámbito, y la sociedad ha interiorizado la necesidad de respetar a las mujeres, todavía persisten innumerables clichés que en modo alguno se encuentran justificados. Es indudable que muchas personas, pese a posicionarse como totalmente respetuosas con las mujeres, opinan que éstas son inferiores física o intelectualmente a los hombres, sea de forma mayoritaria o absoluta. Y pese a que sea cierto que biológicamente en muchos casos el hombre medio posee una estructura muscular más robusta, ello no es más que un promedio estadístico, con la superficialidad y arbitrariedad que ello comporta. En realidad, una mujer no es mas inteligente o más débil que un hombre exclusivamente por su género, puesto que puede entrenarse (física y mentalmente) para superar a la mayoría de los hombres en cualquier aspecto, o en ambos. Si solemos asociar la imagen de una persona fuerte con un cachas de gimnasio, ello se debe simple y llanamente a las costumbres y hábitos machistas imperantes en el pasado: estaba bien visto que el hombre ganase masa muscular pero no la mujer, puesto que ello comprometía su feminidad y era interpretado lamentablemente como síntoma de lesbianismo (entrando ya en el terreno de la homofobia); e incluso años atrás, las mujeres vieron muy dificultadas sus posibilidades de recibir estudios superiores en condiciones de igualdad respecto de los hombres (recuérdese el ejemplo de Clara Campoamor, célebre política de la Segunda República).

Otra lacra repugnante de nuestra sociedad, la violencia de género, es una manifestación más de que por desgracia todavía hay hombres que se creen investidos de autoridad para quitarles la vida o mortificar a sus esposas, novias o hermanas si les estorban; todo ello sin obviar que también hay violencia en sentido inverso, y entre parejas del mismo sexo. En este caso opino que la Justicia debería ser plenamente imparcial, y no estar predispuesta (como ocurre hoy en día) a dar la razón a una parte concreta y pasarse por el forro el principio de la presunción de inocencia.

Sin embargo, no dejo de observar con preocupación cómo determinados colectivos sociales (las señoritas de FEMEN son el ejemplo más evidente) han radicalizado hasta el extremo esta demanda social de la igualdad sexual, llegando a reivindicar e incluso a materializar avances manifiestamente feministas (es decir, discriminatorios contra el hombre). Si la solución al machismo es el extremo opuesto, es que los humanos somos más tontos que un pie. El problema de fondo que subyace es que este tipo de organizaciones utilizan un fin loable (defender y proteger el derecho de las mujeres a ser tratadas por igual) con fines políticos y económicos. Las mujeres que de verdad defienden esta premisa propia de un país civilizado son las que día tras día se entregan en su jornada laboral, hacen su vida de manera independiente como personas libres y luchan por que se reconozcan sus méritos profesionales y personales. Son tanto las que van a hacer la compra y cuidan de sus hijos, como las ejecutivas que presiden un consejo de administración o las científicas que investigan la cura contra funestas patologías. Porque son libres de elegir la vida que desean llevar, dentro del margen de libertad que toda la casta oligárquica que nos expolia nos permite disfrutar (no podía evitar soltar una pulla de las mías).

martes, 17 de noviembre de 2015






¿EMERGENCIA O CONVENIENCIA?





No creo necesario introducir el tema sobre el que voy a opinar. Como muchos otros, yo también me he horrorizado ante los perversos y sádicos crímenes perpetrados en París el pasado viernes. Los individuos que los han cometido, estén o no alienados y desequilibrados, siguen siendo unos asesinos que merecen tener el mismo destino destino que sus inocentes víctimas, si no peor.
Sin embargo, tan importante es destacar lo abominable que me parece este atentado como la actuación de la entente Estados-medios de comunicación. Permanentemente nos están bombardeando con discursos grandilocuentes, declaraciones solemnes de guerra, incitaciones encubiertas al odio racial y noticias inquietantes. Mientras los políticos aparentan transmitirnos tranquilidad para que la situación no se les descontrole, la gran mayoría de los medios de comunicación nos proporcionan datos sesgados con un único objetivo: atemorizar a la población. 
Siempre he detestado ser conspiranoico, y hasta hace poco incluso me mofaba de los que veían designios ocultos de dominar el mundo por todas partes. Pero lo cierto es que la investigación y el análisis crítico me han demostrado que no se puede, no se debe, creer ciegamente todo lo que nos cuentan. Y lo cierto es que este atentado les ha venido que ni pintado a los dirigentes políticos franceses para tener rigurosamente controlada a la población. Con ello no estoy sugiriendo que el atentado haya sido provocado adrede por la casta política francesa, ni mucho menos. Es obvio que, sin entrar en polémicas sobre la complicidad oculta entre Occidente y el ISIS durante estos últimos años, estas atrocidades sólo pueden haber sido cometidas por unos asesinos despiadados manipulados y esclavizados por una banda terrorista. Pero también afirmo que conceder al Estado potestad para recortar casi todas las libertades civiles (control de TODOS los medios de comunicación, restricción de derecho de manifestación y circulación, prebendas para actuar sin consentimiento judicial...) con el pretexto de mantener el orden público me parece una brutalidad manifiesta. Aquí se pueden consultar algunas de estas potestades que se atribuyen al Estado francés: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/internacional/2015/11/14/consiste-estado-emergencia-francia/00031447519920360348273.htm
Y aquí introduzco un aspecto fundamental: el Estado se ha garantizado el monopolio de la violencia y la defensa mediante sus fuerzas y cuerpos de seguridad. En general no dudo que sus miembros sean personas íntegras, honestas y preocupadas por nuestra seguridad, pero ellos no son los que mandan. Y hoy en día el trabajo escasea. La medida de intensificar notablemente la presencia militar y policial es consecuencia de que, entre otras cosas, la población francesa es incapaz de defenderse por sí misma. Y sí. Me refiero a la tenencia de armas.
Pese a que existe un riesgo claro de que personas sin antecedentes penales ni problemas psicológicos severos (los cuales no deberían estar habilitados para poseer armas) se vuelvan locas y cometan una atrocidad, es una probabilidad casi remota e interesada. Me considero una persona antibelicista y pacífica, que cree que el Ejército sólo debe actuar en respuesta a una agresión previa; pero es necesario que las personas podamos defender de manera efectiva e inmediata nuestra integridad y a nuestras familias. Aunque detesto estar de acuerdo con el xenófobo Donald Trump, comparto su tesis sobre la tenencia de armas: los franceses se exponen a ser masacrados si los terroristas atacan sin premeditación, o si el Estado francés comete un error (ambas cosas muy usuales, por cierto). Considero que, dotando a los franceses de la posibilidad de adquirir armas, no harían falta gran parte de las medidas adoptadas. Es casi tan probable que a un policía o a un soldado se le vaya la pinza y cometa un asesinato, como que le ocurra a cualquier persona con el historial médico y penal impoluto.
Por tanto, hago aquí un alegato en favor de la libertad de comprar y portas armas de fuego, aunque sé que es un asunto complejo y lleno de matices. No podemos permitir que el Estado haga lo que quiera, y que dependamos de unos gobernantes que nos esconden información, nos engañan, se corrompen y celebran acuerdos a nuestras espaldas contándonos solo lo que les interesa. Cuanto menos dependamos de otros, más libres seremos y más seguros estaremos. Si seguimos permitiendo que se decreten estados como éstos, que me temo que a partir de ahora serán más que frecuentes, poco a poco perderemos derechos y libertades hasta vivir sometidos a una semidictadura. Todo ello, eso sí, por nuestro bien.